COBARDÍA


La no asistencia del alcalde al Pleno del pasado 28 de noviembre, en el que como único punto del Orden del Día se trató la aprobación provisional del nuevo Plan Municipal de Urbanismo, considero que fue un acto de cobardía. Puede que también se dieran otras razones confluyentes, desde las personalmente circunstanciales a las de estrategia política o de grupo, pasando por las puras coincidencias, pero sobre todas ellas se impone el hecho de constituir un comportamiento carente de todo valor por parte del primer edil de Berrocalejo, Evelio García Breña. Algo verdaderamente lamentable, que el pueblo no se merece y de que una u otra forma debería demostrar que no está dispuesto a consentir.

Si mis datos no son equivocados, han sido escasas por no decir ninguna las veces en que el actual alcalde no preside un Pleno desde que ocupa el sillón. De todos es sabido y resulta evidente, la identificación que en sus años de mandato ha hecho entre el Ayuntamiento y su persona. Su forma de dirigirlo, oscurantista, autoritaria y excluyente, en la que todos sabemos no se hace una fotocopia, no se emite un certificado, ni se mueve un saco de cemento sin que Evelio lo sepa, no permite ninguna explicación objetiva para lo sucedido.

En el ámbito personal, la falta de coraje para enfrentarse a la posibilidad de que algún vecino le pudiese criticar o recriminar el contenido de un documento elaborado entre la polémica y el enfrentamiento más crudo que Berrocalejo ha vivido en mucho tiempo, y en lo político el bastardo propósito de quedar al margen, por si en algún momento lo elaborado y aprobado resultase un fiasco, o peor aún, pudiera contener aspectos denunciables, son los únicos pilares sobre lo que resulta posible sustentar la actuación de nuestro alcalde, lo que supone, insisto, un gesto de evidente cobardía.

La inasistencia tuvo su justificación oficial por el trabajo del alcalde fuera del Ayuntamiento. ¡Manda huevos! Desde hace unas semanas, García Breña se gana unos cuantos miles de euros en una ocupación, que según parece le ha obligado a coger “excedencia” en sus funciones de munícipe con dedicación retribuida con “solo” 1.000 euros mensuales. Doy por supuesto que todo será legal, claro…, aunque no estaría de más que lo explicara con toda claridad al vecindario que con nuestros impuestos lo estamos sosteniendo. Pero: ¿es ético? ¿Es moralmente decente qué el alcalde utilice a su conveniencia los recursos económicos municipales y supedite sus obligaciones inherente al cargo, según le cuadren o no con sus nuevas funciones laborales? Porque la pregunta surge inevitable: ¿Si pese a que la legislación laboral permite a cualquier trabajador por cuenta ajena tener permiso para ejercer tareas de alcalde o concejal (lo que hace el edil socialista, Ángel Pedro Martínez Cáceres), por qué el alcalde no se acogió al mismo y acudió a un Pleno de la transcendencia del último? Por cobardía, reitero.

Me consta que se dieron, además, circunstancias especialmente dolorosas para otro concejal de su grupo, que, sin embargo, tuvo la responsabilidad y gallardía de cumplir con sus obligaciones, nacidas, nada más y nada menos, que del voto popular. Vaya para él mi reconocimiento. Y la compasión por haber tenido que convivir políticamente con una persona como el alcalde.

Michelle Sánchez

Noviembre de 2012.

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