COSAS DE AYER Y DE HOY, Virgen de los Remedios

Cultura de Berrocalejo
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COSAS DE AYER Y DE HOY, Virgen de los Remedios

 

¡Oh Virgen de los Remedios!

¡Madre misericordiosa!

A todos tus muchos hijos

Llévanos contigo a la gloria

Para allí a tu Santo Hijo,

Al Padre Dios y al Espíritu

Santo, a la Trinidad toda,

Alabar eternamente

Y disfrutar sin demora.

 

De tantas advocaciones

La tuya es la más hermosa,

Oh Virgen de los Remedios,

Aunque yo ignoro la historia.

Sólo sé que desde niño

Estás presa en mi memoria,

Pues mi madre, como sabes,

Era de ti muy devota.

 

En muy numerosos casos

A tus pies llega piadosa

A implorarte algún remedio

O agradecerte una joya

De las que tú a manos llenas

Siempre a tus hijos otorgas

Pues eres, Virgen bendita,

Tan grande Madre y Señora.

 

¿Recuerdas cómo,

Estando yo levantado

Sobre las rugosas losas

Y mi madre de rodillas,

Los ojos de ambos clavados

En tus muy dulces pupilas

Por la ventana se iban

Un montón de avemarías?

 

Tú respondías gozosa y

Con alforjas henchidas

Volvíamos alegres a casa

A trabajar en la viña

Que tu Hijo, nuestro Señor,

Reservada nos tenía.

 

Y puesto ya a relatar

La excelencia de esta santa

En el amor sin igual

A ti, nuestra Virgen bendita,

Cito las muchas novenas

Que, junto con varias tías,

Desde nuestro humilde hogar

Ferviente te dirigía.

 

Aunque yo en tales casos

Asaz veces me dormía,

Jamás de su santa boca

Reproche alguno salía.

 

Y como el de mi madre,

Múltiples casos había,

Puesto que en Berrocalejo

Gran devoción se vivía

A los Santos y, en especial,

A la más santa de todos,

A Ti excelsa Santa María.

 

No olvidarás los Rosarios

En la Iglesia o en la Ermita

De la mano en estos casos

De la docta señorita,

Pues así todos nombraban

A la maestra de niñas.

(Y traigo a doña Esperanza

Y después a su hija Elvira).

 

Aún me queda por nombrar

La más cabal maravilla.

¿Recuerdas cómo cada año

Las niñas de último curso

De querubines vestidas,

Guiadas por su maestra

Concha, Esperanza o Elvira,

Recitaban bellos versos

Ante tu imagen bendita?

 

Coincidían tales cariños

Con la irrupción de la vida:

Piaban alegres los pájaros,

Brotaban las florecillas,

Las cigüeñas, tempraneras,

Miraban ya por sus crías

En el nido de la Torre

Y en el domo de la Ermita.

 

Tus fieles, que en este caso

Colmaban el santo templo,

Decían de Ti maravillas.

Yo asistía mudo y absorto

Sintiendo auténtica envidia

De tanta belleza entorno

Y el valor de aquellas chicas

Declamando bellos versos

Y hermosamente vestidas

Como si ángeles fueran

Alas de fuego incluidas.

 

——

 

Sigo pensando lo mismo:

Oh Virgen y Madre mía.

Mi Virgen de los Remedios,

De Guadalupe o de Frías…

Todas remiten a Ti,

Que nos trajiste al Mesías,

Criaste a nuestro Señor,

Le enseñaste cuanto sabías

 

Y al tiempo que mucho gozo

Cuando a tu Hijo ofrecían

Ángeles y pastores

Una total pleitesía,

Y los Magos de Oriente

Ricos presentes traían,

En tu vida conociste

Muy abundantes espinas,

Que no voy a enumerar

Por tenerlas por sabidas.

—–

 

He ahí a tu Madre, Jesús

Al discípulo decía,

Estando en la Cruz clavado

Antes de entregar su Vida,

En acto de Amor supremo

Y en obediencia cumplida

A su Padre nuestro Dios

Para borrar nuestras culpas,

Y así darnos nueva vida.

Mucho le costó a tu Hijo

Nuestra torpe cobardía.

 

Ya actuaste como Madre

Al principio de su vida

Llevando a tu Hijo Jesús

A santificar al Bautista,

Y cuando en cierta boda

Un revés descomunal

A unos novios evitas

Diciendo a los servidores:

“Haced lo que Él os diga”.

 

Y en diez de aquellas tinajas

Se cumple la maravilla

De transformarse en buen vino

Lo que antes era agua limpia.

Esto sucedió en Caná

A querencias tuyas, María.

 

Y todos tus servidores

Grande experiencia tenemos

De las numerosas gracias

-o llamémosle remedios-

Que cada día nos otorgas.

 

——

 

María de los Remedios

Quiero ir contigo a la gloria

Para estar con tu Jesús

Y con la Trinidad toda,

Al lado de mis hermanos

A los que de continuo

Gracias a espuertas otorgas,

Y no das más porque,

Orgullosos y ciegos,

Rehúsan ponerse a tu sombra.

Virgen de los Remedios,

Las coplas que hoy te dedico

Sean para tu honra y gloria,

Agradeciendo lo mucho

Que a mi corazón aportas.

 

El pueblo entero proclama:

¡Gracias, mil gracias, Señora!

 

Julio Collado F

Abril 2018

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