FUMAR ILEGALMENTE


Esta es una crónica triste. Describir como en uno de los dos bares del pueblo, concretamente en El Farolillo, el pasado fin de semana varios vecinos del pueblo, entre los que además se encontraban personas muy cercanas y queridas, incumplían brutalmente la ley que prohíbe fumar en este tipo de establecimientos públicos, no puede convertirse más que en un acto de dolor personal.

El pasado fin de semana fui testigo directa de cómo se fumaba junto a la barra, en las mesas, con ceniceros colocados a la vista de todos, mientras menores de edad y personas mayores deambulaban por el local, y se distribuían bebidas y alimentos. He visto también pedir descaradamente paquetes de tabaco a los responsables del establecimiento, que los expedían tan tranquilos. Y por allí estaba el alcalde, y concejales del PP, y el del PSOE. A la mayoría les recriminé su comportamiento. Inútilmente. La impunidad campaba por sus respetos, intimidatoriamente. Algo intolerable. Y, además, absolutamente injusto con respecto al otro bar del pueblo, el Peña Flor, dónde sus responsables sí son respetuosos con la ley, sufriendo así una indudable competencia desleal que no sé cómo consienten, a no ser por esa inaceptable impunidad intimidatoria que yo ciertamente experimenté. ¿ O existen razones aún más oscuras, como podría ser la competencia perfectamente legal que Peñaflor hace al negocio familiar del primer edil?

Triste, triste experiencia la vivida el pasado fin de semana en El Farolillo, una situación que me dicen es habitual. Producía indignación de alto voltaje comprobar que ante los ojos de la máxima autoridad municipal, era navajeada la “Ley 28/2005 de medidas sanitarias frente al tabaquismo y regulación de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco”.

Tristeza e indignación que me siguen atenazando, por cuanto lo único que hice fue quejarme y criticar la actitud de los infractores, pero por un extraño respeto que ahora no entiendo y un miedo que me avergüenza, , no presenté la correspondiente denuncia ante el propio alcalde, tal y como me habilita el artículo 23 de la citada Ley: el titular de un derecho o interés legítimo podrá exigir ante los órganos administrativos y jurisdiccionales de cualquier orden la observancia e incumplimiento de lo dispuesto en esta ley.” Un alcalde que no duda en denunciar delitos, señalando con el dedo a vecinos que no son de su cuerda y que luego han quedado libres de toda sospecha, como, por ejemplo, ciertos jóvenes que por el mero hecho de serlo les convierte ante sus ojos en sospechosos de todo tipo de tropelías, pero que en otros aspectos tiene al pueblo convertido en una pequeña “ciudad sin ley.” Aunque es frecuente que muestre mi orgullo de formar parte de Berrocalejo, a veces es muy duro e ingrato pertenecer a una comunidad como esta.

Michelle Sánchez.
Marzo de 2013.

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